Un poema de mi amigo mendocino Carlos Levy
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Cuando sobre el último mudador
caiga todo el peso de la flor del verano,
y la estrella matutina
y la estrella vespertina se disuelvan
juntas en la levedad del aire,
de verdad leve, de verdad aire;
cuando la mano
del hombre pueda asir los cuatro puntos
cardinales de golpe
en una canción
con música de viento,
y se cumpla la profecía:
la mano del hombre no habrá
de levantar la mano contra el hombre;
cuando morir sea un acto simple
de irse;
de partir sin más connotaciones tenebrosas
que el silencio;
cuando el pan florezca y perdone
las heridas de Dios
y se gaste por fin el látigo brutal
de su metafísica;
cuando el dolor
sea nada más que un mal recuerdo
de la especie,
patrimonio de antropólogos;
entonces será el mundo como lo soñamos
y podrá verse libre de tipos
como yo.
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¿Qué vamos a hacer cuando el otro no sea anónimo, una apariencia burocrática que camina?
ResponderSuprimirOjalá pudiéramos anudar los puntos cardinales para anularnos y ser también el otro.
Pero somos ésto.
Que hacemos todo aquello.
¿Yo me perdonaría?
No lo sé.
Que profundidad tiene esta belleza de poema. ¿me lo puedo llevar?
ResponderSuprimir"cuando el pan florezca y perdone
las heridas de Dios
y se gaste por fin el látigo brutal
de su metafísica;.."
Pavada de párrafo! ja!
Besos!
Una joya, pura y cruda belleza.
ResponderSuprimirGracias por compartirlo.
Qué genial.
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